Crema de calabacín

Todo el que ha plantado calabacines conoce la escena. Un día hay tres flores, al siguiente hay un calabacín normal, y si te despistas cuarenta y ocho horas te encuentras con una pieza del tamaño de tu quadricep, escondida debajo de una hoja. Demasiado grande para hacerlo a la plancha, con la piel ya dura y las pepitas hechas.

Ese calabacín tiene un destino y es este. Con medio, de los gigantes, sale crema para varios días.

En La Vegan Kitchen no desperdiciamos una oportunidad para llenar el congelador para cuando el frío llega, y llega con hambre de cuchara, o para cuando no tenemos tiempo de cocinar. Nosotros lo vamos manifestando así: una tanda de crema cada semana y en noviembre tenemos las cenas resueltas sin tocar una sartén.

 

Ingredientes

(unos 2 litros de crema)
  • 2 calabacines medianos (unos 600 g)

  • 2 zanahorias (unos 150 g)

  • 4 patatas medianas (unos 600 g)

  • 1 puerro

  • 40 ml de aceite de oliva virgen extra

  • Caldo de verduras o agua, hasta la mitad de la olla (unos 800 ml)

  • Sal, pimienta y tomillo

Nota: si el calabacín es de los grandes, ábrelo y quítale el corazón de pepitas con una cuchara. La piel también, que a ese tamaño ya está correosa. En los pequeños no hace falta ni una cosa ni la otra.

 

Elaboración

1. Pela y trocea

Todo en trozos medianos y parecidos entre sí. Lo importante es que las patatas no queden más gruesas que el resto: son las que más tardan y marcan el ritmo de toda la olla.

2. A la olla a presión

Las verduras, el aceite, la sal, la pimienta y el tomillo. Remueve un poco para que el aceite las toque a todas.

3. Caldo, pero con la mano quieta

Hasta la mitad de la olla y ni un dedo más. Las verduras se quedan asomando, y así tiene que ser. Abajo te explicamos por qué.

4. 15 minutos a presión alta

Y deja que baje sola unos diez minutos, sin abrir la válvula.

5. Bate

Con la batidora de mano, dentro de la misma olla. Prueba y rectifica de sal.

Sin olla a presión funciona igual en una olla normal: unos 30 minutos desde que rompe a hervir. El punto lo marca la patata — cuando se deshace al pincharla, está.

 

El truco: el calabacín ya trae su propia agua

Un calabacín es agua en un 95% y toda esa agua acaba en la olla. Por eso esta crema engaña: parece que necesita caldo y en realidad se lo va a fabricar sola durante la cocción.

Échale bastante menos del que te pide el instinto. Hasta la mitad de la olla, con las verduras asomando por encima. A presión no se evapora nada, así que lo que metes es exactamente lo que te vas a encontrar al abrir.

Si al destapar ves demasiado líquido, tienes dos salidas antes de batir: retirar caldo con un cazo y guardarlo (ese líquido es sabor puro), batir la crema espesa y luego irlo devolviendo poco a poco hasta dar con el punto; o pasarlo todo a una olla ancha y dejar que reduzca a fuego vivo hasta que espese.

La razón de fondo es simple: aligerar una crema es cuestión de segundos, pero espesarla te cuesta veinte minutos de fogón. Quédate corto de líquido siempre.

Alubias blancas: más cuerpo y mejor plato

Un puñado de alubias blancas cocidas, batidas junto con el resto, cambia la crema. Aportan cuerpo y una textura más redonda, y sobre todo la convierten en un plato completo en vez de un primero ligero. Para una cena de invierno en la que la crema es lo único que hay, la diferencia se nota.

Bátelas con todo, al final. No hay que cocerlas otra vez.

Al congelador

Es a lo que va destinada. En raciones individuales, dejando un par de dedos libres en el bote, aguanta tres meses.

Un aviso al descongelar: las cremas con mucha patata pueden quedar un poco arenosas después del congelador, porque el almidón se separa. Se arregla en diez segundos dándole otro golpe de batidora mientras se calienta. Las que llevan alubias aguantan mejor el trance.

Ideas para servir

Un chorreón de aceite crudo por encima y pimienta recién molida. Unas pipas de calabaza tostadas o unos picatostes si quieres crujiente. Una cucharada de queso crema de yogur en el centro, que se deshace despacio.

Y con un buen trozo de pan al lado, evidentemente.

En La Vegan Kitchen te lo ponemos fácil

El caldo de brik sirve, pero con caldo de verduras casero la crema sube de nivel sin añadirle nada más. El queso crema de yogur por encima es el remate que la convierte en plato de mesa. Y para mojar, focaccia o pan de masa madre. Con crema, cualquiera de los dos.

Si buscas cuchara pero con tropezones en vez de textura fina, ahí está la minestrone.

 

¡Únete al Club!

Si te ha gustado esta receta, ¡te encantarán las recetas exclusivas disponibles en El Vegan Club! Además, recibes el menú semanal ya pensado, la lista de la compra completa para que no te falte de nada ¡y mucho más!

¿Te vienes?

Anterior
Anterior

Couscous con boniato asado, garbanzos y cherries confitados

Siguiente
Siguiente

Pisto